Hielo es un poema expansivo. Físicamente, habrá una edición especial de 300 piezas firmadas y al cuidado de La Hoja Doblada, editorial comunitaria en Tepoztlán –dirigida por Aneleé Rosell y Tayde Bautista–, dedicada a la producción de objetos literarios hermosos. Así, Hielo se desdoblará en tus manos para convertirse en un póster de 60 X 45. El joven artista Jero Toledo se apropió de ese texto –y de todo lo relacionado con la imagen de Hielo– para ampliar, así, el discurso estético.

Por su parte, Tlacuacha, librería ubicada en Bosque Meztitla, también en Tepoztlán, se sumó a través de su mirada a la edición final de este Hielo.

Sonoramente, Hielo es un disco editado por Days Without End Records, sello fundado en 2019 por Jairo Guerrero, uno de los artistas y productores de música electrónica más reconocidos de México. Con base en México, España y Los Ángeles –y de distribución global–, DWE apuesta en sus intensiones sonoras por un poco de chillout, leftfield, ambient y moods experimentales. Es una disquera concebida desde su ADN como un Art-label. Así, seis artistas extraordinarios intervinieron el audio de Hielo –grabado a 95 BPM–, desde sus muy particulares posturas estéticas... El disco está disponible en Spotify y plataformas relacionadas.

En adelante, Hielo mutará las veces que su autor lo desee y en los formatos que su cabeza diseñe. 

Texto por Chema Arreola

I
I
II
II
III
III
IV
IV
V
V
VI
VI
VII
VII
VIII
VIII
IX
IX

                         I
Hielo, 
miedo fósil.
Estalactita que derrama 
el alto vacío de mi nombre.

Mi nombre: 
toque de queda 
en la boca del silencio.

Bestia que esnifa 
con rabia mis dientes rotos.  

                         II
Dios: 
que entre una bocanada  
de tu evangelio en mis pulmones. 

Inhalemos piedra filosofal,  
clonazepam de 2 mg, 
jeringas, MDMA,
cocaína y cristal.
   
Padre nuestro 
que estás en los suelos:
el Gólgota espera,
furioso de sed.


                       III
No me miras pero miras 
la pantalla mientras me ahogo 
en el silencio de la mesa. 

Son las seis y sigues sin mirarme. 
Ley del hielo: te entregas 
a un tiempo en el que no caben 
mis dedos, mi lengua. 

Me tiro a la basura
en esta esquina.

Son las siete y una bomba 
ha matado a todos los hombres 
al otro lado del mundo, 
lees en el teléfono que lamen tus ojos 
como un perro la sangre del suelo.

Te indignas en el continuo digital. 

Me rapto.
Me aparto.  
Me callo.

Son las diez y eres 
un pájaro eléctrico que comparte 
las imágenes de una vida ordenada. 
Todo te gusta: nuevo flash a tu rostro 
en el abismo del sofá.

Un rayo parte la otra mitad del mundo 
y ya no puedes leer el día 
porque caemos alterados por la nada. 

Me miras.

Rezo. 
Lloro.
Caigo.



                                IV
“Quemándome en mi frío,
te espero en Lisergia”.

Lisergia, ciudad caleidoscopio, 
que tus ángeles me reciban 
como a un sonámbulo hermoso 
que mira por primera vez. 

Manos de gigante, 
rostro deslumbrado, 
encuentro con las flores 
de tu nombre en la pared.

Lisergia, déjame pasar como pasé 
para llegar a mi cuerpo; 
dame la antorcha finita de la luz, 
gota amurallada en medio de los soles 
de esta tarde que cae, 
     líquida, en tu jardín. 

Lisergia, aleja de mí a los necios de razón, 
pide a tus sacerdotes que oficien 
mientras mis pasos reconocen 
la geografía delirante de tus palacios,
tundra en que ofreces el loop
que recorrió Alicia para encontrar
la sonrisa del gato. 

Que tus habitantes guarden 
un minuto de silencio 
pues te recorre el más amoroso 
de los exiliados. 

Lisergia: si nace mi espada vanidosa 
en el centro de tu plaza, 
no me abandones 
a la suerte del lagarto. 

No me rompas las costillas 
ni me dejes tirado 
como a esos hijos del tiner 
que habitan el ojo del perro: 
lago en el que se hunden 
los hombres, 
el mundo entero.
                        V
  
Hielo: río portátil.
En la orilla de tu cauce, 
de tu nombre,
un ángel me dicta 
la posibilidad del mar.

Estoy a punto de caer 
como fruto 
en una grieta 
clara y luminosa. 

El hielo sabe esperarme.  

Las hormigas nacen en mis manos,
soy el que se aferra 
al cubo que flota su alcohol, 
un oso en el vodka polar.  

El hielo sabe esperarme.

¿Tú? 
Eres teléfono puro: 
arrancas el suéter,  
dibujas la puerta,
lees la pantalla. 

El mundo continúa destruyéndose,
debes volver.

Lleno mis fosas de ti 
y el gran pez negro  
nace de mi boca anfeta 
para decirme que no. 

Ciego, tripulo la fiebre
carbónica del invierno.

¿Y tú?
Ya no estás.
Eras todo lo importante:   
una tarde bajo nuestra ceiba, 
otro láser en la ciudad. 
                        VI
A quienes mordimos el polvo
y jugamos al cíclope
en el espejo de picar.

Al niño que yace 
sobre la plancha fría
isquémico y vacío, 
libre de su monstruo polar.

A los que se van
en la noche que no eligieron;
ladrones, transexuales y sicarios,
a los enfermos:

Mar.



                       VII
Arráncate el rostro. 

Quédate con tus labios. 
Aléjate del faro que alumbra
el litoral de la isla que fuiste.     

Pierde tu cara.

Viaja la marea del aire
sin mueca ni pasaporte, 
sin alguien que te llore de espanto.

Parte en la mañana.

Vete de ti por las vías del tren, 
surca los colmillos de los perros, 
las ciudades.

Corre hacia tu madre.
Pídele perdón en silencio  
a media tarde.


                      VIII
Ese niño roto 
en la fotografía
se aferra a esta pared
como Cristo a su madera. 

Cotidiano,
químico, geológico, 
duerme en los depósitos 
sedimentarios de su corteza.

Pende de un clavo sucio: el mundo.

Es un fósil atrapado 
en el iceberg familiar.
Hijo del toro ciego,
de la angustia,
del crack.  
  
Cuelga de un clavo sucio: el mundo.

Ese niño roto
en la fotografía
clava su mirada 
en un algoritmo terrible.   

Nosotros. 


IX
No amanece nunca. Lentamente, busco entre quienes mendigan likes con sonrisas sin prólogo. Ingobernable, me inyecto el teléfono en un Motel sucio y te encuentro en la atmósfera de su mierda. Me quedo suspendido en la era glacial que propones y viajo a Criogenia, ciudad nívea, para dormir en el útero de un tiempo azul. Inauguro el estruendo del vacío en mis huesos. De nuevo el encendedor. La pipa de lata. La piedra. El fuego.​​​​
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OTROS PROYECTOS

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